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Contraofertas: cómo no perder a tu candidato elegido en el último momento

Mimmic Talent

Una barra coral tirada en direcciones opuestas por dos cuerdas, una azul marino y otra azul claro.

Llevas semanas con el proceso, el equipo está convencido y la persona elegida te ha dicho que sí. Un lunes comunica su salida en su empresa y, de pronto, aparecen una subida de sueldo y la promesa de cambiarle de proyecto. El jueves te escribe un mensaje muy educado para decirte que, finalmente, se queda.

Si has contratado perfiles tech, digitales o de dirección, es probable que te haya pasado. En esos puestos, perder a alguien le sale caro a la empresa que lo pierde, y por eso pelean. No puedes evitar que haya contraoferta, pero sí puedes hacer mucho para que no funcione.

Por qué funcionan (y no es solo el dinero)

Cuando una contraoferta gana, rara vez es únicamente por la cifra. Quedarse es cómodo. Evita empezar de cero con un jefe nuevo, un equipo nuevo y la incertidumbre de no saber si saldrá bien. A eso se suma la culpa de dejar a los compañeros a mitad de un proyecto, algo que la empresa actual suele recordar con bastante habilidad. Y luego está el reconocimiento tardío: escuchar “te valoramos muchísimo” después de meses sin oírlo halaga, aunque llegue tarde.

Si el único argumento de tu oferta es el salario, cualquier empresa puede igualarlo en una tarde. Lo que le cuesta mucho más igualar es el motivo real por el que esa persona empezó a escuchar ofertas.

Todo empieza en la primera entrevista

La prevención arranca mucho antes de la oferta. En las primeras conversaciones nos interesa entender de verdad por qué alguien está dispuesto a moverse, y solemos hacer preguntas bastante directas:

  • ¿Qué tendría que cambiar en tu puesto actual para que no quisieras irte?
  • ¿Lo has hablado ya con tu responsable? ¿Qué te dijo?
  • Si mañana tu empresa te ofreciera más dinero, ¿cambiaría algo?

Las respuestas dicen mucho. Si la motivación es casi solo económica, el riesgo es alto. Si hay razones de fondo, como que no ve forma de crecer, que el producto no le interesa o que no conecta con quien le dirige, la contraoferta lo tiene más complicado. El dinero no arregla nada de eso.

Hay otra señal que vigilamos: que la persona nunca haya planteado su malestar dentro de la empresa. Si la primera vez que lo dice es al presentar su dimisión, lo más probable es que le ofrezcan justo lo que llevaba tiempo esperando.

Saca el tema antes de que llegue

Una de las cosas que mejor nos funciona es hablar de la contraoferta abiertamente, sin dramatismo, normalmente antes de enviar la oferta final. Algo tan sencillo como “Es bastante probable que tu empresa intente retenerte. ¿Qué harías si te ofrecen una subida?”. Y después: “Si eso pasa, ¿seguirían ahí los motivos por los que empezaste a buscar?”.

Nadie se asusta por esto. Al contrario, la persona agradece pensarlo con calma y no en caliente. Cuando ya ha reflexionado sobre ese escenario, la contraoferta deja de ser un golpe emocional y pasa a ser una decisión que ya había tomado.

Una oferta que sea algo más que una cifra

Piensa en qué hace distinto tu puesto y asegúrate de que el candidato lo tiene claro. Qué va a construir, qué decisiones estarán en su mano y cómo se medirá si lo está haciendo bien. Que haya conocido a las personas con las que trabajará, no solo a quien le entrevistó. Un camino de crecimiento concreto para los próximos uno o dos años, en vez de frases genéricas. Y las condiciones (modalidad de trabajo, flexibilidad, formación, beneficios) explicadas sin letra pequeña.

Con el salario, sé competitivo desde el principio. Una oferta ajustada al mínimo le deja a la empresa actual todo el margen del mundo para superarla sin esfuerzo.

El preaviso, la zona de peligro

Entre el sí y el primer día pasan semanas en las que la persona sigue en su empresa, recibe presión para quedarse y apenas sabe nada de ti. Es el tramo de más riesgo, y también el que más empresas descuidan.

Lo primero es mandar el contrato y la documentación rápido, sin idas y venidas. Después, buscar alguna excusa para que conozca al equipo, un café o una videollamada informal. Ayuda mucho que su futuro responsable le escriba para darle la bienvenida y contarle en qué trabajará al llegar. Y cuando se acerque la fecha, compartir lo práctico: horario, herramientas, con quién se verá el primer día.

La idea es que su nueva etapa empiece a parecer real antes de que empiece de verdad.

Si aun así te llama dudando

A veces pasa igualmente. Lo primero, no entres en una subasta. Si subes la oferta solo para ganar la puja, la relación arranca sobre una base puramente económica, y eso rara vez acaba bien. Vuelve a los motivos. Pregúntale qué ha cambiado de verdad en su situación, más allá del número.

Y si decide quedarse, respétalo y despídete bien. Más de una vez hemos visto a candidatos que rechazaron una oferta volver a estar disponibles meses después. Si guardan buen recuerdo de cómo les trataste, la puerta sigue abierta.

Ten siempre un plan B

Un consejo práctico que repetimos en todos nuestros procesos: no cierres del todo la conversación con tu segundo finalista hasta que la persona elegida haya empezado. Basta con un mensaje cordial explicando que el proceso sigue abierto unos días más. Si todo va bien, no habrá hecho falta. Si no, te ahorrarás volver a empezar desde cero.

Hacer este trabajo con cada finalista lleva tiempo, y es una parte del proceso que en Mimmic Talent cuidamos especialmente. Si quieres que lo revisemos juntos en tu próxima contratación, hablamos cuando quieras.

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